La dirigencia del PAN recibirá a los representantes de las seis organizaciones de la sociedad civil que acudirán a pedir una elección abierta.
Pablo Hiriart/ Uso de Razón
El PAN podría desistir hoy de dar un anayazo, que significa imponer, como hace seis años, a su candidato presidencial sin preguntarle más que a su ombligo.
Se encuentran inquietas las cúpulas panistas por la posibilidad de tener que abrir a la sociedad la elección de la candidatura presidencial de la alianza.
Y en lo interno ven con asombro que es incontenible el avance de la senadora Lilly Téllez, sobre los santos varones del partido.
De ahí la tentación a dar un anayazo.
La reunión que sostendrán hoy la dirigencia panista y representantes de organizaciones civiles, impulsoras de una candidatura presidencial de unidad en la oposición, tendrá como objetivo evitar el “agandalle”.
En la elección presidencial pasada, los dirigentes panistas borraron su tradición democrática y acordaron que Ricardo Anaya fuera candidato sin competir con nadie.
La experiencia de esa ruptura seguramente les hizo aprender la lección.
Que la candidata o el candidato lo elija la gente, será la demanda.
Es decir, que se abra la elección a todos los partidos de la coalición, incluidos los candidatos independientes.
Del método depende el éxito o el fracaso para que los opositores lleven una buena candidatura presidencial.
Una decisión cupular, como las hubo hace seis años en el PAN, en el PRI y en el PRD, sería la ruina.
La decisión cupular contaminaría todas las candidaturas, lo que sería regalar a Morena el control del Congreso federal.
El proceso electoral comienza, formalmente, en septiembre, y las precampañas en noviembre. Es decir, ya.
Si en septiembre el gobierno no ha destruido al INE, el instituto está facultado para organizar la elección opositora, para sacar al coordinador nacional de la coalición.
El coordinador, o coordinadora, sería la candidata o candidato presidencial que se mida ante la abanderada del oficialismo.
La elección de la coordinadora de la coalición se puede dar en septiembre e iniciar la precampaña cuando lo marca la ley, en noviembre.
Esa elección de coordinadora de la coalición opositora puede ser tan atractiva o aburrida como sus dirigentes quieran. Una elección primaria o una encuesta.
Las encuestas suelen ser poco glamorosas porque se circunscriben a un número pequeño y anónimo de personas.
Una elección abierta a los electores, con debates y promoción, fiscalizada por el INE, es otra cosa. Iniciaría la efervescencia de voces opositoras, inteligentes y propositivas.
Todo dependerá de lo que diga el PAN hoy, cuya nomenklatura está preocupada por el ascenso, por lo visto imparable, de la aguerrida sonorense Lilly Téllez.
Para Acción Nacional no está siendo fácil digerir la realidad: quien conecta con las emociones del electorado es Lilly, y no el veterano y muy respetable Santiago Creel.
Del lado priista también destacan, con mucho, dos mujeres que no son del agrado del equipo que está en la dirigencia nacional, Claudia Ruiz Massieu y Beatriz Paredes Rangel.
Como vimos en la encuesta nacional de EL FINANCIERO este miércoles, tanto Ruiz Massieu como Beatriz Paredes dejan muy pero muy lejos al exgobernador de Oaxaca, Alejandro Murat.
Y por el lado independiente, otras dos mujeres valiosas podrían ser las abanderadas de la oposición, Margarita Zavala y Xóchitl Gálvez.
¿Qué va a definir que haya una candidatura competitiva, alegre, que entusiasme? El método.
Y esa decisión está en manos de la dirigencia del PAN, que hoy recibe a los representantes de las seis organizaciones de la sociedad civil que acudirán a pedir una elección abierta.
De tardar en definir el método no sólo se va a romper el PRI, sino también habrá fracturas en las organizaciones de la sociedad que tanto han aportado para frenar la destrucción de las instituciones.
Ellas también quieren participar, y atisban que por ahí viene el agandalle.
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